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Bogotá, mayo 17 de 2018. Gilberto Durán Roa, es el educador físico de los niños con discapacidad múltiple, cognitiva y síndrome de Down del ‘Centro Crecer’, de la localidad de Usaquén, y quien entre sus principales objetivos tiene el fortalecer las habilidades motrices de cada uno de los pequeños de esta unidad de la Secretaría Social.

El ‘Profe Gilberto’ como lo llaman, es de esas personas que no se complica la vida para nada y es entregado a su trabajo y al nuevo proyecto que lo encadena y que desea llevar a la cima de su etapa como profesional.

Para empezar, se valió de la bicicleta de su hijo menor, para utilizarla con los niños entre los 3 y los 5 años, con el fin de comenzar por fortalecer esa parte motriz que tanto ha trabajado arduamente con cada pequeño, con la sorpresa que todos han mostrado un gran interés por el ciclismo.

Posteriormente se puso a la tarea de conseguir bicicletas donadas, para que cada niño tuviera la oportunidad de comenzar a practicar este deporte.

La respuesta no se hizo esperar. Profesoras, papás y mamás de los pequeños, contribuyeron a llevar sistemáticamente bicicletas. Cierto día, el servidor encargado de inventarios de la subdirección local de Usaquén, se dio cuenta del trabajo tan noble y hermoso que hacía Gilberto con cada pequeño y le entregó 20 bicicletas que se encontraban guardadas en una de las bodegas de la subdirección y tras cumplir con los trámites de rigor, hizo entrega de los ‘caballitos de acero’, acompañados de cascos, rodilleras y diferentes elementos que permitieron complementar el gran sueño, como fue hacer una súper pista de ciclismo en la plaza del Centro Desarrollo Comunitario (CDC) ‘Servitá’.

Cuenta Gilberto que cada día es una tarea nueva, ya que la motricidad de cada pequeño varia entonces debe implementar diferentes versiones o técnicas de aprendizaje, como lo es quitarle los pedales a las bicicletas, para que desde las edades más tempranas pueda comenzar hacer un trabajo de equilibrio dinámico y fortalecer su seguridad. “Hay un pequeño en particular llamado Ángel, de 8 años, que padece parálisis cerebral y es un campeón de la vida, porque en cada clase se pone su casco solito y para las rodilleras lo hace con ayuda de sus profesoras y maneja una bicicleta sin pedales con tal equilibrio que, para él, con su parálisis, es un niño fuerte que hace la resiliencia frente a la situación que lo aqueja”, asegura el ‘profe’.

Dice el ‘profe’, que para junio del presente año desea hacer una feria para que los pequeños de otras localidades vayan hasta Usaquén a conocer el aprendizaje de los ‘chicuelos’ de su centro y puedan venir a competir y resaltar su aprendizaje frente a esta nueva técnica que esta hasta ahora está arrancando.

“Lo que busco es hacer una clínica en todas las localidades de Bogotá con el ciclismo adaptado. Con esto se quiere llegar a fortalecer tanto la seguridad como los músculos de cada pequeño: El ideal es llegar en noviembre del presente año a realizar un festival de ciclismo adaptado con todos los niños y niñas de nuestras unidades de las distintas localidades de Bogotá”, dice Gilberto.

Hay pequeños que no pueden asistir semanalmente a este espacio, ya que tienen diferentes patologías, unas más severas que otras, pero eso no es impedimento al menos han tenido la experiencia de montar una vez en esas bicicletas, que llenan de alegría y esperanza a los pequeños del ‘Centro Crecer’.

La tarea no es fácil, si tenemos en cuenta que cada cambio o arreglo de las bicicletas corre por cuenta de Gilberto, ya que, en su necesidad de generar seguridad y confianza, hace lo posible por ajustar las llantas, arreglar los marcos y los rines; y de paso enseñar a dos de sus alumnos mayores, el cómo ajustar y arreglar las bicicletas.

Lo que se quiere lograr con este proceso, dice el ‘profe’, es que al final de año poder contar con 5 a 7 niños ciclistas, ya que en Bogotá no hay ciclismo adaptado y de esta manera el proyecto sería el primer filtro para comenzar a movilizar a estos pequeños con un nuevo sueño y meta.

Gilberto, un bogotano de 43 años, profesional de cultura física y deportes de la Universidad INCCA de Colombia, lleva trabajando 14 años con población en condiciones de discapacidad y 11 años con el proyecto Centro Crecer, de los cuales 3 los ha dedicado a la localidad de Usaquén. Para el ‘profe’, el ciclismo adaptado se introduce en el programa de educación física, como medio para obtener logros superiores y hacer algo novedoso en Bogotá y porque no en Colombia. Hoy es acompañado en esta gesta, por Andrés Escobar, su tallerista auxiliar en la parte deportiva.

Con profesionales como Gilberto la Secretaría Social a través de subdirección local de Usaquén, seguirá afianzando procesos de autoconfianza y autonomía en el marco del proyecto ‘Por Una Ciudad Incluyente y sin Barreras’, que con esta experiencia innovadora tiene el gran propósito de lograr la inclusión de los niños con diversas problemáticas en sus patologías.
 

 
 
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Bogotá, mayo 15 de 2018. Carlos Becerra, Milena Silva y Lady Ceballos, son tres personas con discapacidad que hacen parte del personal humano con que cuenta Bioplast S.A., una empresa de origen familiar y que desde hace veinte años fabrica dispositivos médicos. Gracias a la alianza y acompañamiento de la Secretaría Social más empresas del sector privado le apuestan a la capacidad laboral y fortalezas que ofrece esta población en Bogotá. 

Para Carlos y Milena, personas con discapacidad física al igual que para Lady, persona con discapacidad auditiva, el acceso a un trabajo digno fue una tema casi imposible, inalcanzable. Trabajos esporádicos y sin prestaciones de ley eran las únicas posibilidades laborales que se aparecían en el panorama aplazando sueños y proyectos de vida.

Pero fue a través de la Secretaría Social y a la responsabilidad empresarial con la sociedad de la empresa Bioplast S.A. que Carlos, Milena y Lady pudieron ver la luz al final del túnel y dignificar sus vidas a través de un empleo digno para cristalizar sueños.

Para Milena, con una amputación en su pierna izquierda, víctima de una bala perdida, trabajar en Bioplast es la ratificación de su capacidad en el engranaje productivo de la ciudad. “Esta es una empresa muy bonita que confía, que nos apoya, aquí no me siento discriminada por nadie. Las personas con discapacidad podemos aportar de igual a igual”, afirma desde su puesto de trabajo.

Por su parte Carlos con accidente lumbar por arma de fuego cuyo pronóstico era no volver a caminar, el trabajar en Bioplast es otra más de sus batallas personales a su favor. “Tengo muchas ganas de salir adelante y mi fuerza de voluntad han sido mi valor agregado. Aquí en Bioplast encontré una esperanza, un futuro. Con mi ingreso laboral pienso pagar mis estudios superiores y avanzar, para mi familia no soy una limitante sino un aporte. Pienso día a día que nada me queda grande y que puedo ser mejor que los demás”, dice Becerra.

Cuenta Nicolás Pinzón, director técnico de Bioplast, que la contratación de personas con discapacidad se hace por la calidad de los trabajadores y no por caridad. Pinzón aclara que las empresas del sector privado no contratan personas con discapacidad más por desconocimiento de sus fortalezas que por otra cosa.

“La apuesta desde Bioplast parte de la responsabilidad social, como empresarios estamos en la obligación de devolverle algo a la sociedad y es así como lo hacemos con aquellos que más lo necesitan, como lo son las personas con discapacidad. Estas personas tal vez por prejuicios no han tenido la oportunidad que merecen. Vale la pena resaltar que a ellos no los contratamos como una obra de caridad, nosotros los contratamos porque son personas competentes, personal que nos aporta y al cual le brindamos estabilidad laboral”, afirma Pinzón.

Para este proceso de acceso laboral para personas con discapacidad, Bioplast recibió la guía y el acompañamiento de la Secretaría Social para generar los procesos de contratación de personas con discapacidad física y como en el caso de Lady, poder comunicarse con ella mediante el lenguaje de señas como parte de los ajustes razonables para la inclusión laboral, generando una sensibilización sobre el tema de comunicación entre sus compañeros de trabajo.

De esta manera la Secretaría Social hace realidad los sueños de la población con discapacidad a través del proyecto ‘Por una Ciudad Incluyente y sin Barreras’ derribando imaginarios reales sobre la población con discapacidad y logrando cada vez más el acceso de esta población para la dinamización de la economía bogotana, logrando el reconocimiento de sus capacidades y habilidades.
 

 
 
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Bogotá, abril 30 de 2018. Gustavo Buenaventura es un hombre de 62 años, quien ha llenado de admiración a las personas que trabajan en la subdirección local de Engativá por su capacidad para llevar a cabo los proyectos a pesar de cualquier dificultad. Además, por la empatía, sencillez y compromiso al momento de relacionarse con los otros. Él se ha caracterizado por llevar a cabo sus metas por medio del conocimiento y la percepción de las oportunidades.

Hace seis años decidió ingresar en la Secretaría Social con el fin de incrementar sus habilidades y conocimientos en pastelería en el Centro de Desarrollo Comunitario (CDC), de su localidad.

Así mismo, ingresó a realizar un curso en sistemas, para desarrollar competencias diferentes a las que conocía, pues como él mismo lo indica, “siempre me ha gustado aprender”. La experiencia que vivió en el CDC fue muy productiva debido a que comprendió que iba por buen camino para comenzar a desempeñar lo que él amaba hacer. En el curso de gastronomía aprendió diferentes técnicas de cocina y elaboración de recetas; no obstante, decidió inclinarse por la panadería y pastelería.

Cuando finalizó los cursos en el Centro de Desarrollo Comunitario de Santa Helenita, conoció a muchas personas que trabajaban en la subdirección con las cuales había creado grandes lazos de amistad. En ese entonces, hace ya casi tres años, el subdirector Local de Engativá, Fernando Mantilla, ejecutó la gestión para realizar la articulación con el Instituto para la Economía Social (IPES), en el proyecto de Emprendimiento Social, alternativa productiva en la cual se contribuye al mejoramiento en las condiciones de vida mediante el emprendimiento y la inserción en el mercado laboral.

Por medio de diálogos y reuniones con esta entidad, se definió que en la subdirección local de Engativá se instalaría un establecimiento de comidas para una persona que lo necesitara. Gustavo estuvo al tanto de esta situación y con apoyo del proyecto de discapacidad, se dio un segundo paso para que esto se llevara a cabo. La discapacidad cognitiva de Gustavo nunca fue una barrera para salir adelante al comunicarse de manera efectiva, ayudar a las personas que lo rodean o cumplir sus metas. Esto lo demostró desde siempre en la subdirección, pues como afirma el Subdirector, “Gustavo se destacó porque estaba pendiente de muchas cosas, se le veía el interés para integrarse a la subdirección”. Gracias a esto, tomó la decisión de brindarle la oportunidad a Gustavo para que contara con un lugar de trabajo propio.

Desde el día 30 de enero de 2015 Gustavo se dedica a atender a los diferentes clientes tanto internos como externos de la subdirección. Además, colabora a los maestros del Centro de Desarrollo Comunitario en las clases de gastronomía.

Antes de conocer el CDC y el IPES, se dedicaba a ser mensajero y pasaba su tiempo estudiando. Él tenía claro que todo lo que aprendiera sería valioso para llevar a cabo su proyecto de vida. Estudió emprendimiento y servicio al cliente. Luego de que la Secretaría Social y el IPES le brindaran esta oportunidad su vida y la de su familia –dos hermanas y un cuñado-, se transformó de manera positiva mejorando las condiciones en la calidad de vida. Además, podría seguir el camino hacia su pasión más grande que es la panadería y pastelería.

“Más grande que Bimbo”, afirma Gustavo cuando sueña con la empresa que tendrá el nombre de “Panadería y pastelería GustaPan”. Esta idea nació cuando finalizó el curso de emprendimiento y se consolidó con el curso de gastronomía. El aprendizaje en el Centro de Desarrollo Comunitario le ha abierto la puerta de comenzar a cumplir esta meta, debido a que compró un nuevo horno para crear panes, pasteles, galletas y brownies que son producidos y distribuidos en los alrededores de su casa o en eventos especiales. “Las personas dicen que mis productos son deliciosos”, comenta Gustavo mientras sonríe, no solo por la satisfacción, sino por su sueño que pronto cumplirá.
 



 
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Bogotá, mayo 9 de 2018. Por estos días Juan Pablo y Fredy Duvián son el orgullo de cerca de 10 mil servidores de la Secretaría Social. La razón: estos dos cracks que laboran en la entidad fueron convocados por el seleccionador nacional, Fernando Carrillo, para ser parte de la Selección Colombia que nos representará en el Mundial de ‘Fútbol 5’ visual en España y que tendrá como rivales a las selecciones de Francia, Irán y Argentina.

Juan Pablo, con olfato para el gol

Para Juan Pablo Parra Santacruz, quien se desempeña como psicólogo en el Centro Crecer de la localidad de Los Mártires, la posibilidad de ir a este mundial se constituye en un reto muy importante en su pasión por el fútbol.

“Es mi quinto mundial representando a Colombia. Tenemos un buen equipo y tengo la expectativa y el sueño de ser campeón. Entramos a un grupo muy fuerte con Francia, Irán y Argentina. Para mí el tema deportivo me ha brindado las herramientas de ser una persona constante y disciplinada. A los 14 años descubrí que tengo cualidades para el fútbol visual y es allí donde empiezo a tener convocatorias y entrar al proceso de Selección Colombia”, afirma Parra, quien se desempeña como delantero.

Freddy Duvián, el equilibrio del equipo

Otro de los baluartes destacados de la Selección Colombia ‘Fútbol 5’ visual es Fredy Duvián López Morales, quien trabaja en la Subdirección de Tunjuelito en el proyecto ‘Por una Ciudad Incluyente y sin Barreras’, de la Secretaría Social, y se destaca por su velocidad y destreza con mucha dinámica de juego por todo el terreno y llegada con gol.

“Estar aquí en Selección Colombia no es un proceso de rehabilitación por mi deficiencia visual ni por superación personal, sino por simple recreación. Mi talento me fue volviendo competitivo hasta que logré ingresar y mostrar mi destreza en diferentes clubes de la liga de Bogotá”, comenta con seguridad López.

Los Mártires y Tunjuelito, las subdirecciones afortunadas

Para llegar a este proceso mundialista representando a Colombia, tanto Parra como López han contado con el apoyo decidido de los subdirectores locales de Mártires, Lina María Ladino y Víctor Hugo Valenzuela, de Tunjuelito, quienes han facilitado la presencia de las figuras nacionales del ‘Fútbol 5’ visual nacional.

El ‘Fútbol 5’ visual

El ‘Fútbol 5’ visual lleva dos equipos de cinco jugadores a la cancha, quienes disputan sus encuentros con un balón modificado con cámaras de sonido que permiten ubicarlo. A los jugadores se les tapan con parches y vendas sus ojos para evitar que quienes posean algún tipo de visión saquen ventaja de ello. Los arqueros en esta disciplina deportiva pueden ver y ubicar a sus compañeros. Así mismo se cuenta con una especie de auxiliares de los equipos que se hacen en los arcos de los rivales para guiarlos tocando los palos verticales a la hora de cobrar los tiros libres o penales.

Proyecto ‘Por Una Ciudad Incluyente y Sin Barreras’

Según cifras de la Secretaría de Salud en Bogotá viven 217 mil personas con algún tipo de discapacidad: sordo-ceguera, visual, auditiva, cognitiva, psicosocial, múltiple y física.

En el 2017, la Secretaría Social atendió a 3.033 personas con discapacidad en los servicios sociales del Proyecto Por Una Ciudad Incluyente y Sin Barreras.

En lo corrido de 2018, la Secretaría Social ha atendido 2.716 personas con discapacidad

El presupuesto del Proyecto de Discapacidad de la Secretaría Distrital de Integración Social para el cuatrienio es de $207 mil millones.
 

 
 
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 Foto de niño en la feria del libro

 
Bogotá, abril 26 de 2018. Como en un cuento de hadas, 80 niños y niñas con discapacidad provenientes de los Centros Crecer de Fontibón, Bosa, Chapinero, San Cristóbal, Engativá, Kennedy, Puente Aranda y Suba recorrieron los mágicos pabellones de la Feria del Libro 2018. Allí, entre libros, revistas, lápices y hojas de papel, muchos de los sueños de éstos pequeños dejaron de ser ficción para cobrar vida y mezclarse con personajes de la literatura nacional y universal.

Para Óscar, un niño de 12 años con Síndrome de Down, los libros son uno de los elementos preferidos a la hora de dar rienda suelta a la expresión de sus sentimientos. “Me gusta dibujar y ver los libros con fotos y figuras animadas”, dijo el pequeño ojeando un cómic de superhéroes.

Como Óscar, uno a uno, los niños y niñas provenientes de los diferentes servicios que ofrece la Secretaría Social a las personas con discapacidad se sorprendieron de los cuentos animados y el colorido que engalanó la Feria del Libro 2018 y que tiene como país invitado a Argentina.

Trazos con lápices, y muchas sonrisas fueron el común denominador durante la visita de estos ‘ilustres huéspedes’ a stands en donde su afecto y espontaneidad conquistaron el corazón de expositores y visitantes.

Los chiquillos en colaboración con estudiantes de universidad expresaron a través de sus dibujos su atracción por la naturaleza, el cuidado del medio ambiente y el valor de la amistad así como del afecto sincero, entre otras expresiones. Al término de la muestra se generó un tema de reflexión entre los asistentes sobre la mini exposición de estos 80 niños y niñas que a su paso dejaron lecciones de vida positivas.

Con actividades como éstas, guiadas por los profesionales de la Secretaría Social, el gobierno de la ‘Bogotá Mejor Para Todos’ busca que las personas con discapacidad accedan y exploren otra clase de escenarios en donde se ratifica el compromiso de una ciudad incluyente y sin barreras.
  

 
 
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