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• 10 de septiembre, exposición artística en el CDC Kennedy

Bogotá, septiembre 2 de 2019. Son solo 3 metros cuadrados de una casa de más de 250 metros, por donde una silla de ruedas se desplaza sin ningún contratiempo ni barreras, gracias a la habilidad de un hombre quien con lápiz en mano, descarga sobre el soporte y una tabla de madera, su amor por un arte que le ha servido como motor y superación de vida.

Acompañado de su hija, una hermosa niña de tan solo 14 años, desarrollan sus trabajos rodeados de lienzos, retablos acrílicos, acuarelas, lápices de colores y oleos entre otros elementos que les permiten expresar su talento, su ingenio y creatividad.

Se trata del artista plástico Giovanny Mendoza Espitia, un bogotano de 54 años, que en los últimos cinco, pasó de manejar bicicleta a movilizarse en una silla de ruedas.

Giovanny quien trabajaba en la Universidad Nacional, se desplazaba en su bicicleta, cuando esta sufrió la ruptura del tenedor, cayendo de cabeza, ocasionándole una cuadriplejia espástica o lesión medular, lo que le genero una inmovilidad del 65% de su cuerpo.

Tras dos años de rehabilitación, su discapacidad física no era ningún problema para seguir adelante, pues como él lo asegura “La vida no se ha acabado”, por lo que lo llevó a retomar ese gusto que tiene desde pequeño, de coger un lápiz y ponerse a pintar.
 
 

Sus conocimientos logrados en la Academia Superior del Arte, anterior Academia de Bellas Artes del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, no solo lo llevaron a reiniciar lo que más le gusta, sino a interesarse en todas aquellas personas que en sus mismas circunstancias tienen talento pero no las oportunidades.

Es así como conoció el Centro de Desarrollo Comunitario CDC de Kennedy de la Secretaría Distrital de Integración Social, donde las profesionales le abrieron sus puertas y desde hace seis meses desarrolla un taller de pintura y dibujo dirigido de manera casi personalizada, enseñando técnicas y métodos, logrando una gran receptividad por parte de los participantes, personas en todos los rangos de edad, con y sin discapacidad.

"El llegar aquí (CDC Kennedy) fue abrir otras posibilidades. El vivir la discapacidad me dio otra mirada y le dio otro enfoque al arte que plasmaba en lienzos, quise entonces mostrar lo que hacía, expuse en la casa de la juventud de Kennedy mi propuesta de mostrar mi obra y me contactaron con la coordinadora del CDC, ella me escuchó, le pregunté si podía hacer una prueba de dictar un taller, y empezamos a hacerlo. Inicié unos talleres en perspectiva de color y de dibujo, manejo de diferentes técnicas, a partir de trabajos ya avanzados por cada persona, empecé a orientar en técnica y terminado y ya tenemos obras terminadas, siendo así como el próximo 10 de septiembre tenemos la exposición en el CDC Kennedy.

“La acogida ha sido buena. Para mi es importante hacer esto, lo hago con mucho cariño, con muchas ganas, es motivante ver que otros hagan lo que a uno le gusta. A través del arte y de enseñar he encontrado una forma de rehabilitarme y seguir en la lucha porque tener una condición normal y caer en una discapacidad, no es fácil la recuperación. La rehabilitación a través del arte, es para muchas personas un gran camino ", destacó Giovanny.

Catherine un gran soporte

Catherine Mendoza, quien también ha tenido que atravesar por circunstancias difíciles en la vida a pesar de su corta edad, hoy es el gran soporte de Giovanny en el arte.

“Cursa noveno grado de educación básica secundaria, desea estudiar diseño gráfico y desde hace tres años es la alumna más avanzada, gracias a que ha venido desarrollando su talento y conoce varias técnicas” dice su padre.

“Yo misma comencé a hacer mis dibujos y mi padre se convirtió en una gran guía, es excelente e impresionante lo que se puede lograr y hacer con su apoyo. A pesar de ser malgeniado y estricto, es un gran maestro y eso a mí y a quienes enseña nos ha servido mucho”, destaca Catherine, quien se precia de haber logrado terminar más de doce obras, entre ellas la virgen de Guadalupe y un perro Golden Retriever por encargo de su prima.

Tanto ellos como los estudiantes del CDC, trabajan con materiales como lienzos, retablos, acrílicos, acuarelas, lápices de colores y oleos, entre otros, que consiguen con su propio esfuerzo y para lo cual hacen un llamado para que les ayuden con dichos aportes.

“De igual forma estamos cada día buscando más espacios para continuar con la exposición de nuestros trabajos y la de los nuevos artistas, quienes hoy ya pueden exhibir sus bodegones, las figuras humanas y otra serie de obras que de acuerdo con cada autor, pueden costar entre los trescientos mil a un millón de pesos” dijo Giovanni, tras agradecer a la Secretaría Distrital de Integración Social, por el apoyo que les ha brindado a través de las ferias de emprendimiento que se han realizado en la ciudad y la disposición del Centro de Desarrollo Comunitario de Kennedy, para que el próximo 10 de septiembre puedan realizar su nueva exposición de arte.

 
 
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Bogotá, agosto 29 de 2019. Hace cuatro años Mina Barrera Gómez, pensionada de la Secretaría Distrital de Integración Social, decidió crear un grupo de danzas con el que pudiera continuar haciendo lo que más le gustaba: bailar. Sin embargo, esto no se quedaría solo como un pasatiempo sino que se convertiría en una innovadora propuesta de inclusión a través del arte.

Mina, quien trabajó varios años en los servicios sociales dirigidos a personas mayores, había creado con algunos de ellos un grupo de danzas folclóricas. Tiempo después empezó a trabajar con personas con discapacidad, y dándose cuenta, en aquel momento, de la insuficiencia de actividades para esta población, decidió conformar un segundo grupo de danzas, y ya jubilada asumir el reto de fusionarlos para dar vida al grupo de danzas ‘Los Diamantes’.

Para su fundadora el nombre surge porque según sus palabras: “los diamantes son piedras muy preciosas y ellos son unas personas muy lindas e increíbles que les gusta lo que hacen y cada día brillan más”. Hoy el grupo está conformado por seis bailarinas mayores, cuyas edades oscilan entre los 65 a 83 años, y 12 bailarines con discapacidad, en edades entre los 24 y los 40 años. Al principio compaginar no fue fácil, cada uno tenía imaginarios que les generaban temores frente al otro, pensaban que no podrían bailar juntos, pero después se dieron cuenta que no sólo sí podían sino que además disfrutaban muchísimo cada ensayo, cada presentación, cada nueva creación.

Aunque cada martes y jueves, con puntualidad inglesa llegan al salón comunal del barrio Venecia, para ensayar alguna de las 12 muestras folclóricas que ya tienen listas para presentar, mantener este proyecto no ha sido sencillo. Los recursos son escasos, no tienen vestuarios suficientes, y aunque les encanta que los inviten a presentarse en diversos eventos, ha sido difícil que los remuneren y por lo general solo reciben a cambio un refrigerio por exhibir su trabajo. Pero las circunstancias lejos de desmotivarlos les dan más fuerzas para seguir adelante. Continúan presentándose y se ponen felices porque cada vez los reconocen más.

Al interior del grupo también deben sortear otras situaciones por lo general relacionadas con la salud de los chicos con discapacidad, Mina cuenta que a veces, “lo más difícil es que lleguen todos al tiempo, porque hay chicos a los que los medicamentos les dan tan duro que no pueden venir”.

Otra veces el estado de ánimo de ellos no es el mejor como consecuencia de la medicación y es en estos momentos cuando la sabiduría, la experiencia y el amor de las bailarinas mayores son fundamentales, “ellas son tiernas y cariñosas, los consienten, les ayudan, son protectoras, y a ellos les gusta como los tratan”, afirma Mina.

Todos se han convertido en una gran familia y a cada uno de ellos esta experiencia les ha transformado la vida. Como en el caso de Gladys María Nieto, de 76 años, quien desde hace tres está bailando con el grupo y afirma, “era tímida y no tenía amistades. Siempre era de la casa al mandado. Me ha gustado mucho la acogida y la compañía con los niños, les doy mucho amor y quiero mucho a la profe Mina porque fue mi primera amiga y ahora tengo muchas amigas”.

Bailar le ha permitido socializar más, crear vínculos, mejorar su estado de salud y ser más feliz. “Antes yo era toda achacosa y ya no. Cuando no vengo se me hace tan larga la semana. Cuando hay presentación siento alegría y me digo mentalmente que me tiene que ir bien y ayudar a la profe a guiar a los niños, porque cuando ellos están haciendo una presentación, se emocionan mucho y les da mucha alegría. Y cero nervios y nos sale bien todo gracias a Dios”.

Cuando le pregunto, hasta dónde le gustaría llegar con el grupo, afirma “Hasta que Dios me de licencia estaré con ellos. Dios los ayude y proteja tanto a los padres como a los chicos”

Sandra Otálvaro es la cuidadora de su hermana Nataly. Al principio la acompañaba únicamente, pero después terminó seducida por el baile. “Llevo un año en el grupo, mi hermana dos. La llevaba y la traía y un día me invitaron a una danza, me llamó la atención y me quedé. El grupo de danzas me ha parecido muy dinámico, muy interesante porque aprendí a relacionarme con muchas personas, aprendí a conocer diferentes formas de pensar, diferentes formas de actuar y lo bonito de la danza es que logra complementar todo, porque a la hora de reunirse y de bailar ¡somos uno solo!”.

Nataly, quien tiene discapacidad múltiple afirma que hacer parte de ‘Los Diamantes’, “ha sido una bendición muy grande, porque puedo compartir con personas de mi misma condición, y doy gracias a Dios porque me permite estar con ellos y compartir también con la profe esta experiencia tan agradable”. Añade que, “mi discapacidad no es una dificultad para bailar, pero hay muchas cosas que se me dificultan, pero también yo aprovecho el hecho de saber que yo puedo dar a conocer muchas cosas buenas y bonitas que yo tengo”.

Sobre bailar con personas mayores, ella no duda en afirmar, “yo no miro la edad sino la capacidad de la persona para poderse desempeñar en un baile. Mi relación con ellas es muy buena, si les puedo ayudar les ayudo. He aprendido de ellas que uno debe ayudar a las personas sin importar la condición en la que estén, uno debe disfrutar los momentos que Dios me regala día tras día, ya sea con cualquier persona , ya sea que esté bien o que sea una persona con discapacidad”.

Nataly les dice a las personas con discapacidad que no se atreven a seguir sus sueños que, “sigan adelante, no se rindan, uno no puede decir ‘yo no puedo’, porque decirlo es como limitar las cosas que Dios a uno le da. Dios le da a uno tantas cosas bonitas y bellas y si uno les dice a esas no quiero y no puedo entonces uno se limita, lo mejor es que uno esté más concentrado en sus metas”.

Los Diamantes trabajan con disciplina, perseverancia y mucha persistencia, para que en un futuro muy cercano, su trabajo sea “reconocido, apreciado y remunerado”, como dice su fundadora. La ‘profe Mina’, como sus estudiantes le dicen, afirma que con su propuesta, “se fortalece la autoestima, la seguridad, el compromiso, la puntualidad de sus artistas y el amor por lo que hacen. Se lo gozan, les gusta y preguntan, ¿cuándo vamos a tener presentaciones? Ellos tienen una ilusión y cada vez exigen tener más presentaciones”.

La palabra diamante proviene del griego ‘adamas’, que significa 'invencible', nada más acertado porque estos artistas son así invencibles, determinados a superar todas las barreras y los prejuicios, para vivir sus vidas como las quieran vivir y alcanzar sus sueños con la valentía que los caracteriza. 

 
 
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