SDIS
Facebook Twitter YouTube Escudo Colombia
A- A A+

 

 
Bogotá, agosto 12 de 2019. Es jueves en la mañana y don Hernán Arango Arana acaba de regresar de su recorrido habitual por el entorno más cercano a Bosa Islandia, lugar donde tiene un pequeño cambuche. Es un hombre de mediana estatura, tez blanca, cabello plateado, gesto amable y apacible. Tiene 74 años y conserva todavía esa energía que se refleja en todas las actividades que realiza.

Nativo de Armenia, municipio de Calarcá, se casó y emigró con su esposa a Estados Unidos. Allí habitó por 21 años y un día decidió regresar a Colombia. Corría el año 1987, llegó a Bogotá. Inició como conductor de bus de la empresa Cooperativa Nacional de Transportadores donde laboró por 11 años. Sin embargo, en la década de los noventa se agudizó la crisis económica del país y perdió su empleo, entonces se dedicó a la mecánica. Fueron tres años de labor, pero se volvió a terminar el trabajo. Así las cosas un día de pronto se encontró sin dinero, sin amigos, sin familiares, sin nada, solo frente al mundo.

La vida lo obligó de alguna forma a andar de aquí para allá, sin domicilio, sin destino, sin hogar. Un día al encontrarse sin donde pasar la noche se ubicó en un carrotanque. Allí permaneció por un corto tiempo, pero sin explicarse cómo, una tarde este lugar resultó calcinado por las llamas. Fue así como se convirtió en ciudadano de calle, quien un día es de aquí, pero mañana no es de ninguna parte.
 
 

Ángela Delgado la referente del proyecto, ´Atención Integral al Fenómeno de Habitabilidad en Calle´, de Bosa, lo encontró en una de sus acostumbradas jornadas de abordaje en calle y le sorprendió ver en este hombre, su amabilidad, espíritu colaborador, la actitud positiva y le brotó de sus afectos llamarlo ‘Mis amores’ y desde entonces él participa en todos los espacios que brinda este proyecto. “Es como de la familia, es una persona cálida y amigable, es mis amores”, dice Ángela.

Habita un pequeño ‘cambuche’ ubicado en el barrio Islandia, en la localidad de Bosa. Allí las alegrías, penas y preocupaciones las comparte con seis perros que alguna vez le dejó Jairo, un amigo que tuvo hace más de dos años y que un día la justicia requirió para que respondiera por algunos asuntos pendientes, y fue él quien le dijo a don Hernán: “cuídeme los perros por favor”.

Desde aquel día los perros se convirtieron en su permanente compañía. Pero fue una perra de dos años de edad llamada Wendy la que se adueñó de sus afectos. Siempre lo acompaña a donde vaya. “Para mí los perros son como personas, lo único es que no hablan, pero son como personas. Esta perra es lo más preciado que tengo, nunca se separa de mí, cuando algunas veces por distintas circunstancias no hemos podido continuar juntos, ella no sé cómo, me busca y regresa, nos hemos vuelto inseparables”, dice don Hernán.

Este hombre tiene el sueño de aparecer en televisión. Cuenta que desde muy joven nunca dejó de ver el programa de humor familiar ´sábados felices´, además, de divertirlo y entretenerlo, siempre ha creído que cuenta con la chispa para aparecer en el programa y contarle un chiste a todos los colombianos. Por eso hoy después de muchos años ve con ilusión el poder asistir al programa, presentarse y contar un chiste: “eso me haría muy feliz”, dice.

Espera que un día no muy lejano alguien lo llame y le diga: ¡Este sábado irá a la televisión a contar un chiste! Ojalá alcance su sueño y la vida le regale un pedacito de felicidad. 

 
 
Facebook

 

 
Bogotá, julio 30 de 2019. ¿Qué sentirías si de repente recibes una llamada y te dicen que están cerca de un familiar que dejaste de ver hace años atrás, tal vez décadas, y que por cosas de la vida terminó habitando la calle o consumiendo drogas?

Ahora piensa cómo esa persona que te llamó, se convierte en la mensajera de un reencuentro que llevaba años esperando, de buenas noticias y que en esa llamada que muchas veces no supera el minuto, hace que los hogares, familias, padres, hermanos, hijos y demás vuelvan a soñar con estar juntos.

Esa es la historia de Sandra Flórez, un ‘Ángel Azul’ de la Secretaría de Integración Social, quien hace cuatro años y medio ejerce su carrera como trabajadora social, y se convierte en la mujer, quien hace posible que aquellos habitantes de calle que aceptan a diario los servicios de los hogares de paso, puedan volver a encontrar a sus seres queridos.

Llegó a ser ‘Ángel Azul’ luego de un paso en varias entidades que se encargan del trabajo con población vulnerable. Como ella mismo decía, llevaba años pidiéndole a su Dios que le diera un trabajo en donde más que ofrecer un servicio, pudiera hacer más por las personas, entre eso quería, que las familias se volvieran a unir. “Me siento una persona que sabe que el soporte para todo es la familia y si tú estás unido con ellos, todo puede ser posible”, resalta Sandra.
 

Hace mucho tiempo, Sandra hace una de las tareas más difíciles dentro de un proceso de recuperación personal para un ciudadano habitante de calle, y es el restablecimiento de redes de apoyo, en otras palabras, lograr el primer contacto con las familias luego de años de ausencia y de diferentes conflictos que originaron tal vez la decisión de tomar las calles y el consumo de drogas.

“Tener el teléfono en la mano y esperar del otro lado que me contesten no es fácil. Decirle a alguien que no conoces, que tienes cerca a unos de sus familiares al que tal vez dieron por muerto en algún momento y que ahora escuchas, que vive y más aún que habita la calle y consume drogas, eso es difícil para mí comunicar, cómo será para esas personas que reciben mi mensaje”, comenta Sandra quien no oculta ese sentimiento confuso que se genera en cada episodio.

Pero no es solo realizar llamadas. Sandra en compañía de sus compañeros psicólogos y trabajadores sociales de los hogares de paso, hacen un trabajo fuerte en cada habitante de calle que llega al servicio. Allí, no solo tienen la posibilidad de recibir servicios de autocuidado personal como duchas con espacios dignos, alimentación nutricional, dormitorios para un descanso cómodo, y lo más importante un acompañamiento profesional que motiva día a día para dejar las calles y el consumo. Adicionalmente, es el inicio de un proceso de recuperación personal que trae consigo la reconstrucción de lazos familiares.

“Recuerdo mi primera búsqueda familiar. Llevaba mucho tiempo tratando de ubicar a la familia del ciudadano habitante de calle que se llamaba Guillermo, no recuerdo el apellido. Sin tener resultados y con fallidas marcaciones telefónicas, decidí pedir información exacta del lugar donde vivió el ciudadano años anteriores. Tomamos rumbo en busca de la casa con tal fortuna que llegamos al sitio mencionado. Lo más sorprendente es que la familia nunca se había ido de ese lugar, incluso tuvieron la idea de salir del país pero la esperanza de volver a ver a su familiar, los motivó a quedarse allí en ese barrio esperando a que Guillermo algún día tocara de nuevo la puerta. Un sueño que ese día se hizo realidad, era como volver a nacer”, recuerda Sandra quien llora recordando cómo cada día son más las familias que encuentran a sus allegados.

“Aló, no él no está muerto, aquí está a mi lado, ¿se lo paso?"…

Hace apenas unos días atrás, Sandra recibió en el hogar de paso ‘Bakatá’ a un habitante de calle llamado Obed. Como es de costumbre se acercó a él para entablar un diálogo y conocer más sobre su proceso. En ese momento se enteró que hacía 33 años, él no sabía de su familia.

Allí empezó la misión, apenas un número fijo que después de una gran búsqueda resultó siendo efectivo en la ciudad de Medellín, lugar en donde encontró a los hermanos de Obed y a quienes logró convencer para que aceptaran venir a la ciudad de Bogotá y se reencontraran con él luego de décadas de no estar juntos.

“Ese día me contestó una de las hermanas de Obed. Me presenté, le dije que era un Ángel Azul de la Secretaría de Integración Social de la ciudad de Bogotá, y tenía a mi lado a Obed uno de sus hermanos. Un silencio que no superó los cuatro o cinco segundos pasaron, luego escuché un llanto, gritos y alegrías, eso sí que hace estremecer a cualquier persona, hasta me hizo llorar, yo que me la paso en esto a diario”, afirma Sandra.

También han existido llamadas en donde no todo es color de rosa. Un rechazo inicial, una palabra de no creer, o tal vez un no quiero saber más de esa persona puede escucharse, pero se trabaja en minimizar ese daño personal y que a través de esos reencuentros las familias puedan volver a empezar.

Es claro que una de las mayores situaciones que generan el consumo de drogas o la habitabilidad en calle son los problemas familiares y para ello el trabajo profesional de Sandra y los cientos de ángeles azules en calle y centros de atención al momento de generar estos reencuentros familiares, se debe asumir con responsabilidad, confianza y respeto.

De ahí que un proceso de recuperación personal se pueda llevar a buen éxito en donde el ciudadano exhabitante de calle no solo retome sus hábitos personales, sus obligaciones y deberes sino adicionalmente pueda tener cerca a su familia; la medicina más fuerte y el remedio más efectivo para muchos problemas.

Sandra Flórez continúa todos los días con la misión de buscar y unir familias. La cuenta ya pasó por 50 y sigue cada día más y más motivada. Llora en cada encuentro, ya que no dejará nunca de sentir esa espinita del deber cumplido. Actualmente avanza en el desarrollo de una Maestría para su crecimiento profesional y espera cada día seguir compartiendo sus conocimientos con los habitantes de calle, quienes a diario acuden a los hogares de paso del Distrito. 

 
 
Facebook

 

 
Bogotá, julio 18 de 2019. Aún tiene el cabello mojado y pareciera que con cada gota que cae de su cabeza, cayeran también los últimos vestigios de una vida en las calles.

Asegura ser el fundador de ‘El Cañito’, como llama al sector de ‘cambuches’ que había en el canal ‘Los Comuneros’, camuflados entre las paredes de los puentes, y en los cuales vivían unos pocos, según su relato.

Ayer, en medio del operativo que le devolvió la oportunidad de vivir a 175 personas, quienes fueron rescatados del caño, se subió a un bus con la plena intención de cambiar sus hábitos y sus días. Ya logró ‘coronar’ uno. Le quedan miles.

“Pero tenaz, no me cogió en el ‘conjunto’ me cogió mercando en la calle, por allá en la 30 haciendo compras. Decidí venirme al centro, me trajeron y chéveres”, dice Carlos Arturo Ayala Sánchez, de 38 años, y quien pasó siete de ellos en el canal ‘Los Comuneros’, el mismo tiempo que lleva ‘soplando’, en las calles.

Llegó al frío y áspero asfalto por malos amigos, por ‘bruto’, como él mismo asegura, y por una mujer que le causó una herida, que aún hoy, lo carcome lentamente.

“Llevo 7 años soplando, en el canal. El demonio es tenaz. ¿Amigos? Amigo el ratón del queso. No falta la bruta que lo daña a uno y uno piensa que ese bazuco le va ayudar a uno y no, es peor, lo vuelve a uno mier…”. Sus palabras, lentas pero bien pronunciadas, salen como si previamente hubieran pasado por un clasificador. Habla con cuidado, en ocasiones, no quiere que lo escuchen sus ‘parceros’.

Pasó su primera noche en el Centro de Atención Transitoria ‘35’. No fue fácil. Llevaba años durmiendo pegado al cemento de una pared y escuchando en las calles, ahí en el caño, gritos de compañeros suyos, quienes sufrían a manos de ‘sayas’, los mismos que pretendían formar un nuevo ‘Bronx’, en el lugar.

“Oiga soy la misma persona pero sentí cambio extremo porque me quité malas energías. Me quité de todo, me siento nuevo, quiero quedarme es aquí, intentarlo porque sí se puede. Cuando ‘El Bronx’, vivía en mi conjunto –refiriéndose al canal-, yo fui uno de los fundadores, nadie molestaba. Incluso la gente de los barrios le daba a uno cositas. Se dañó cuando llegó el ‘parche’ nuevo, dañaron todo, estamos pagando justos por pecadores, hasta los conocidos me decían: ‘sálgase de ese caño, usted no merece estar ahí’, y sí, porque la gente me quería, me hice coger la buena, comidita, ropita, me daban la liguita, me ayudaban el reciclaje”, dice Carlos, quien recuerda que en años anteriores la ‘cosa era a otro precio’.

No se va a rendir. Aunque es el segundo proceso que inicia, ya estuvo en ‘El Oasis’, 37 días, piensa que esta vez sí lo va a lograr. “Esta vez voy por los 60, 90, o los días que me cueste recuperarme”, grita mientras sostiene un cepillo de dientes en sus manos. Parece tonto, pero su primer paso, es aprender de nuevo a lavarse la boca. Queda mucho camino, pero poco para un alma con voluntad.

 
 
Facebook

 

 
Bogotá, julio 22 de 2019. Desorientado aún por los trajines del operativo Obed solo atinó a mirar al Ángel Azul a los ojos. No entendía sus preguntas. No entendía siquiera que hacía en el lugar, con otros habitantes de calle como él.

“¿Don Obed, ¿tiene familia?,¿recuerda dónde contactarlos?”. Muy adentro de sus memorias y a pesar de tener dificultades para recordar datos, Obed se transportó por allá al año 81, cuando salió corriendo de Medellín, con una mochila con apenas un par de prendas y su cabeza llena de confusión y trajo consigo el número de una de sus hermanas.

“2676484”, respondió con algo de duda. Minutos después Gloria, una de sus 13 hermanos, le contestó al Ángel Azul. Habían pasado tres décadas para escuchar de nuevo su voz.

“Llegué acá a Bakatá el jueves, que hicieron el operativo en Los Comuneros, a las 2 de la mañana. Por la mañana me llamó la señorita Sandra Flórez a conversar, y me dijo que si me podía comunicar con alguien, que si sabía algún número. Entonces yo me acordé del número de la casa de mi hermana, quien quedó como mayor cuando mi mamá murió y yo me comuniqué y ella me la pasó y para mí fue una alegría y a la vez una enorme tristeza. Ella me preguntó qué quién era yo, y le dije que Obed, y me dijo que cómo así y se puso a llorar y seguimos charlando y yo al final no fui capaz y le pasé a la doctora. Sentía una alegría y al mismo tiempo se me quería partir el corazón, de pensar todo el tiempo que estuve sin ellos por la droga”, asegura Obed, minutos antes de ver, de frente y sin barreras, a sus hermanas.
 
 

Han pasado 10 días desde que Obed decidió salir del canal Los Comuneros, del infierno, de la droga, y está a poco de encontrarse con su nuevo destino: su familia.

Gloria, su hermana, tras escucharlo por teléfono decidió venirse, desde Medellín, con Luz Mila, otra de las hermanas de Obed y quien lo daba por muerto.

Ellas, no sabían nada de él desde que había escapado de Medellín pocos días después de que falleció su mamá. Eso, según él, lo llevó a las calles, al vicio, a vivir una vida de ultratumba.

“Después de que mi mamá se murió había mucho disgusto en el hogar y empecé con las drogas y como en Medellín no se podía fumar porque mataban al que estuviera metiendo droga o durmiendo en la calle, me fui para Barranquilla. De ahí salí para Ciénaga (Magdalena), de donde escapé corriendo porque un día un caimán casi me traga por meterme a soplar a un barco abandonado. Llegué a la ‘Calle del Cartucho’ y empecé a exagerar con el vicio. No comía, dormía en las calles y aunque empecé un proceso, cuando me faltaba poco en un permiso no volví y me fui para el Bronx donde trabajé en una chatarrería hasta que me robé una plata”, recuerda Obed, quien pasa rápidamente del llanto a la risa. Los nervios lo invaden y cada vez que suelta una carcajada, recuerda que no tiene dientes, no por vicio, sino por una paliza

“Estaba en la carrilera, ahí en el barrio Santa Fe. Allá también era una olla de vicio y seguí metiendo vicio y durmiendo en la calle. Una noche llegaron como ocho ‘gomelos’ y empezaron a patearme y a golpearme con puños y palos. No entendía nada y cuando intenté buscar ayuda, no había nadie y veía era volar mis dientes por el aire. Me patearon como 20 minutos y cuando terminaron, en vez de irme al hospital me fui para donde uno de los vecinos y le dije que me había pasado eso, porque iban a robarse el contador del agua y yo no lo había permitido. Me dio plata y con eso seguí drogándome”, dice Obed, quien cuando escapó de Barranquilla, se metió 52 ‘pencas’ de bazuco, como las llamaban allá y sintió que nunca iba a terminar de recorrer el Puente Pumarejo. Casi se bota del susto.

A pocas horas de un nuevo comienzo

El avión aterrizó. Más angustiadas que Obed, quizás, se bajan Gloria y Luz Mila, hermanas de Obed, y Jackeline, una de sus sobrinas. Soportan el sol picante de Bogotá con la ilusión y la única esperanza de ver a su hermano. Quedan apenas minutos para una cita que postergó el destino y las malas decisiones.

Al llegar a Bakatá no pueden disimular su emoción. Suben las escaleras rápido, como si acelerando el paso fueran a borrar tantos años de sufrimiento y angustia. Angustia de no saber qué había pasado con su hermano. Sufrimiento de no poder contarle las cosas que las han agobiado por décadas.

Segundos después de ingresar al salón, donde Obed espera sentado, se escucha un fuerte grito de alegría. Obed reconoce a Gloria y se bota a sus brazos. Los de Luz Mila los rodean a los dos y las lágrimas no cesan. Es un momento sublime para los tres. Una familia, una esperanza, un amor inquebrantable se manifiestan. Obed está de nuevo con los suyos.

“Un milagro, es un milagro de Dios”, repiten Gloria y Luz Mila mientras lo consienten como a un niño. Esas caricias llevaban años esperando.

“Lo veo divino, divino. Nunca pensé imaginármelo de esta manera. Me lo imaginaba como estaba: perdido. Pero así de esta manera, mejorcito. Cuando me llamaron pensé que era un robo o algo así, pero cuando lo escuché no podía moverme de donde estaba, se me movió el mundo y más que me habían intentado cambiar el número de teléfono hace un mes y yo no sé por qué, les dije que no, que en ese número era donde me conocía la gente”, asegura Gloria, mientras le aprieta las manos. Pareciera que no lo quisiera soltar nunca más. Teme perderlo de nuevo.

“Lo veo muy cambiado, pero con las mismas facciones. Él era un niño muy lindo, muy organizado, muy puestecito como hombre. Al menos no lo vi como un gamín, nunca lo ví por ahí deambulando. Ahora solo quiero que esté bien”, dice Luz Mila. Es un poco más fuerte aparentemente. Su escudo engaña, al segundo, sucumbe antes las lágrimas.

Obed no sale del asombro. Llora y ríe al tiempo. Es como si una avalancha de emociones lo abordara sin tiempo de respuesta. Sin embargo, concluye siempre, en cada una de sus palabras, que todo se trató de Dios y su milagro.

“Hace como un mes llegó un ‘man’ todo cachaco y me llevó a una fundación a Patio Bonito. Allá se oraba dos veces al día y había una cadena de oración de 10 de la noche a las 4 de la mañana y mi oración era siempre pidiéndole y llorándole a Dios para que yo me reencontrase con mi familia, que me comunicara con ellos. Esa era la oración imagínese. Y como que mi Diosito me sacó un día para que me despidiera del diablo, porque yo salí de esa fundación y me fui para Comuneros y no alcancé a fumar mucho cuando yo me vi rodeado de gente y eran los Ángeles Azules y me parecía una película. A lo último salí y vi que ya no había sino una última camioneta y salí y me vine para acá, y me llegué a bañar a las 2 de la mañana y me acosté y ya cuando al otro empezó todo este sueño que no termina”, sentencia Obed, quien espera que su historia le sirva de ejemplo a otros como él, para que no solo se den una oportunidad con la vida, sino con sus familias.

El principio del fin no será fácil. Debe afrontar cerca de 9 meses un proceso de recuperación para regresar con su familia. Gloria, Luz Mila y Jackeline, regresarán esta misma noche. No les importó verlo tan solo unas horas. Ese tiempo les devolvió años de desasosiego y les dio una nueva esperanza. ¡Vamos Obed, sí se puede! 

 
 
Facebook

 

 
• Más de 600 funcionarios entre Alcaldía de Bogotá y Policía Metropolitana, participaron en el operativo.
• 175 habitantes de calle aceptaron la oferta social de la Alcaldía Peñalosa.
• Las autoridades lograron la incautación de cerca de 200 armas cortopunzantes y varias dosis de bazuco.
• 45 ‘Ángeles Azules’ ofrecieron los servicios a los habitantes de calle en el Canal Comuneros.
 
Bogotá, D.C julio 17 de 2019 (@Bogota). Ante la petición de la comunidad que habita en los barrios aledaños a la Avenida Sexta, y por indicación del alcalde Enrique Peñalosa, la Alcaldía de Bogotá, en coordinación con la Policía Metropolitana, intervino integralmente el Canal de Los Comuneros en el centro de la ciudad, que estaba siendo ocupado por población habitante de calle, desde la carrera 24 hasta la Avenida NQS.

“Este trabajo coordinado entre varias entidades de la Alcaldía de Bogotá y la Policía Metropolitana, permitió salvar vidas de habitantes de calle que arriesgaban su integridad habitando en este lugar y, además, generar espacios más seguros para la ciudadanía de los barrios aledaños, quienes nos estaban pidiendo recuperar este lugar ante los hechos de inseguridad que se han venido presentando últimamente”, explicó el secretario de Seguridad, Convivencia y Justicia, Jairo García.

En la intervención, la Alcaldía de Bogotá logró que 175 habitantes de calle aceptaran la oferta social dispuesta por la Secretaría Social e Idiprón, entre ellos, 17 jóvenes, 29 mujeres, 128 hombres adultos y una persona LGTBI.
 
 
 
 
 

“Desde la semana pasada, los Ángeles Azules han estado interviniendo el Canal Comuneros, visitándolo, sirviendo a la comunidad y ofreciendo la oferta social del Distrito a todos los habitantes de calle. Garantizaremos nuestra presencia en los barrios y en los parques aledaños al Canal de Los Comuneros y seguiremos atendiendo a los habitantes de calle con profesionales que están dispuestos a servirles y apoyarles en el proceso de rehabilitación y reintegración a la vida social”, expresó Gladys Sanmiguel Bejarano, secretaria de Integración Social.

El operativo contó con el acompañamiento de la Personería de Bogotá y entidades como Aguas de Bogotá y la Uaesp, quienes hicieron un trabajo de recuperación del espacio público e invitaron a la población habitante de calle a abandonar el lugar, debido al peligro que corren al permanecer en cambuches, sobre todo en épocas de lluvia que generan la creciente del canal.

Durante varias horas de intervención, las autoridades incautaron en el lugar cerca de 200 armas cortopunzantes y varias dosis de droga.

Intervenciones en el Canal durante 2019

Esta intervención se suma a los 25 operativos realizados durante el año 2019 en el Canal Comuneros, en el que las autoridades lograron que 60 habitantes de calle aceptaran la oferta institucional de la Alcaldía de Bogotá. En materia de seguridad, la Policía capturó en el primer semestre del año a 13 personas por porte ilegal de estupefacientes y armas, se incautaron 2.800 dosis de bazuco y 529 armas cortopunzantes, mientras que las entidades distritales lograron recolectar seis toneladas de basura.

En este mismo lapso, la Administración del alcalde Enrique Peñalosa sostuvo reuniones con la comunidad del sector a través de tres Juntas Locales en los barrios Santa Isabel y Ricaurte, donde la ciudadanía expresó su preocupación por hechos de inseguridad en los entornos al Canal y pidió una intervención más profunda en el lugar.

Luego de este operativo, la Alcaldía de Bogotá y la Policía continuarán con la presencia institucional en el Canal Los Comuneros, a través trabajos de prevención y control al delito.

De igual manera, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, el equipo de 700 ‘Ángeles Azules’ de la Secretaría de Integración Social, adelantan la búsqueda y oferta de servicios a habitantes de calle en los 15 centros de atención integral.

En lo corrido del año 2019, 7.169 habitantes de calle han sido atendidos en calle y en los centros de atención de la Secretaría Social. En la presente Administración, 2.323 habitantes de calle han desarrollado procesos para mejorar su vida, de ellos 618 culminaron con éxito logrando alejarse de las calles.

 
 
Facebook

Página 1 de 30

Noticias Recientes
Vejez 16 Agosto 2019

Doña Lucía: el arte de vivir bien en la vejez

Doña Lucía: el arte de vivir bien en la vejez
Bogotá, agosto 16 de 2019. La Señora Lucía Arminda Velásque...
Otros 16 Agosto 2019

Integración Social ‘pasa revista’ a obras en Bosa y Kennedy

Integración Social ‘pasa revista’ a obras en Bosa y Kennedy
Bogotá, agosto 16 de 2019. Sin importar el sol ni la lluvia...
Vejez 16 Agosto 2019

Integración Social garantiza atención a personas mayores del Centro de Protección ‘Casa Nostra’

Integración Social garantiza atención a personas mayores del Centro de Protección ‘Casa Nostra’
Bogotá, agosto 16 de 2019. A partir de este jueves 16 de ag...
Footer