Secretaría Distrital de Integración Social

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Gestión del Riesgo, más que entrega de ayudas distribuye esperanza a quienes más lo necesitan

 
Bogotá, mayo 18 de 2017. Ana Carillo vivió el pasado domingo una de las peores pesadillas en su vida. Cerca de las 3:30 de la tarde la cañada que pasa por su hogar, un asentamiento subnormal ubicado en el Barrio Las Delicias, se llevó muchas de las cosas que por años consiguió con arduo trabajo.  Pero lo que no pudo llevarse fue la esperanza, esa misma que se vio fortalecida con el acompañamiento del equipo de Gestión de Riesgo, de Integración Social.

Con la angustia de tratar de rescatar de las aguas los muebles y enseres, Ana, junto con sus 5 hijos menores de edad, lucharon durante 40 eternos minutos contra el torrente de la cañada que se filtraba por todos los lados de una casa construida con tablas.  Agotada y desconsolada esta menuda matrona de 55 años observaba como su casa era tomada por un inquilino no invitado, el agua.

La fuerte lluvia que cayó en la capital (con niveles históricos de 36 milímetros de lluvia, casi un tercio de lo que llovió en todo el mes de abril, según reporte del IDEAM)  le dio la oportunidad a Ana de conocer a un grupo de hombres y mujeres que conforman la Gestión del Riesgo de la Secretaría de Integración Social, un equipo que atendió a Ana y a 2.512 personas más que se vieron afectadas por el fuerte aguacero.
 
 

Barrios como Isla del Sol, Nuevo Muzú, San Vicente Ferrer, José Antonio Galán y Las Delicias, donde vive doña Ana, fueron recorridos palmo a palmo por el equipo de Gestión del Riesgo para verificar su nivel de afectación y organizar la entrega de ayudas.    

Ana, como parte de los 625 hogares afectados, recibió la atención inmediata del personal del Idiger y Bomberos de Bogotá quienes pusieron a salvo su familia.  Posteriormente a esa primera fase entró en acción el Equipo de Gestión del Riesgo,  quienes prestaron la labor de la atención social en emergencia, identificando la población afectada y la entrega de ayudas (alimentaria y no alimentaria).

Poco a poco la señora Carrillo entendió que si bien había vivido un momento difícil, no todo estaba perdido.  Ella y sus muchachos no solo recibieron el calor humano del grupo de la Secretaría de Integración Social, recibieron ropa, calzado, kits de aseo y camarotes para recomenzar una nueva vida con dignidad.  

“Gracias por venir, pensé que me habían censado y no los volvería a ver. Gracias a los de Integración por las ayudas.  Esto me motiva a recomenzar”, dijo con lágrimas una emocionada Ana.   

Cifras de atención Equipo de Gestión del Riesgo  

625 hogares censados
1788 adultos
724 niños   
2.512 personas
Ayudas entregadas por IDIGER  
850 kits noche (frazadas, almohadas, fundas, piyamas)
591 kits de limpieza (traperos, baldes, detergentes)
33 kits cocina
7 estufas
213 tejas
35 metros plásticos
25 cercos de madera
15 camarotes
Ayudas entregadas por Gestión del Riesgo
57 bonos canjeables 140 mil pesos
Vestuario para 19 personas
21 kits de aseo personal
1 Kit de bebé

El equipo de Gestión del Riesgo permanecerá alerta las 24 horas monitoreando los puntos críticos de la ciudad que presentan mayor vulnerabilidad a encharcamientos e inundaciones.  Igualmente recomienda a la ciudadanía no arrojar basuras a desagües y redes de alcantarillados para evitar taponamientos.
 
 

 
 
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Secretaría de Integración atiende emergencia por ‘ola invernal’

 
Bogotá, marzo 29 de 2017. Yurani Cabrejo, habitante de la localidad de Ciudad Bolívar, vivió una noche de incertidumbre y zozobra ante el torrencial aguacero que inundó su casa y afectó sus muebles y enseres en el barrio El Lucero. En algunos puntos el agua alcanzó hasta metro y medio de altura.  Yurani, en compañía de Doris, su mamá, trataban a punta de escoba de sacar el agua  que entraba caudalosamente desde la calle, mientras su pequeña hija Érika Daniela observaba la escena aterrorizada.   
 
Uno de los primeros equipos que llegó a  ayudar a Yurani y a las demás familias afectadas por la emergencia fue el personal humano del Servicio de Gestión del Riesgo , de la Subdirección para la Identificación, Caracterización e Integración (ICI), más conocida como ‘Casa Rosada’.   
 
Este grupo humano conformado por 26 hombres y mujeres   responde a las activaciones del Instituto Distrital de Gestión del Riesgo- IDIGER- ,  para identificar las personas y hogares afectados; de manera permanente y realizar la  entrega de ayuda humanitaria.
 
Redoblando esfuerzos, con voluntad, sacrificio y mucho corazón el equipo ICI activó el protocolo diseñado para estos casos y, entregó a las familias afectadas en tiempo récord la ayuda humanitaria (frazadas, ropa, camarotes y un kit de aseo) a las víctimas de la fuerte ola invernal que azota a Bogotá.
 
 
 
“Para nosotros es importante la entrega de una ayuda, pero verlos a ellos respaldándonos desde anoche fue reconfortante en medio de lo que estábamos viviendo”, aseveró Yurani, quien además pidió fumigar la zona para evitar la propagación de insectos y vectores causantes de enfermedades tras las aguas anegadas.
 
Por su parte Jarlín Díaz, subdirectora del ICI, invitó a las comunidades de Tunjuelito, Ciudad Bolívar, Santa Fe, y Rafael Uribe Uribe, zonas afectas por las inundaciones, para hacer disposición adecuada de las basuras que son las que terminan taponando el sistema de alcantarillado, no construir en zonas de alto riesgo, ni ocupar las rondas de los ríos, así como sacar las basuras el día y horario establecido
 
La funcionaria agregó que los servidores públicos de la Secretaría de Integración Social están preparados y hacen parte de los turnos para atender la población afectada por emergencias de origen natural.
 
Cifras de Atención desde el 25 de marzo hasta hoy
 
Hogares atendidos: 317
Adultos: 1110
Niños: 443
Para un total 1553 personas atendidas
 

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Funcionarios de Integración Social cumplieron en el VIII Simulacro Distrital

 
Bogotá, octubre 26 de 2016. Siendo las 11 de la mañana se llevó a cabo el VIII Simulacro Distrital de Evacuación en Bogotá, ejercicio de prevención en el cual la Secretaría Distrital de Integración Social participó activamente. 
 
Este año 610 unidades operativas hicieron parte de esta actividad  que dio como resultado: 70.349 personas evacuadas, de las cuales 52.095 eran niños y niñas, 18.254 eran adultos incluyendo 2.304 personas que presentaban algún tipo de discapacidad. 
 
Fue un gran reto evacuar oportunamente a todas las personas que estaban en nuestros espacios institucionales;  el orden, la rapidez y efectividad del ejercicio fueron el mejor resultado que para la SDIS arroja el ejercicio del Simulacro Distrital. Sin embargo, esto no hubiera sido posible sin la colaboración de los 5.319 brigadistas que apoyaron esta titánica tarea. 
 
Por su parte, los funcionarios de nivel central evacuaron la torre sur del edificio San Martín en 21 minutos. Tiempo récord comparado con el pre-simulacro, del 22 de septiembre, donde gastaron 28 minutos. Fueron 810 funcionarios los que abandonaron la edificación en orden y siguiendo las directrices de los brigadistas. 
 
Recordemos que el simulacro nace como una iniciativa en Bogotá para preparar a las personas que vivimos en esta ciudad frente a la ocurrencia de un evento sísmico o de gran impacto basándonos en que sismos de magnitud similar, al del eje cafetero, afectaron nuestra capital en 1787, en 1827 y el último en 1917. 
 
Por lo tanto, las cifras citadas nos muestra la buena respuesta institucional que en la SDIS tenemos para evacuar a nuestros usuarios y servidores en una situación real de emergencia, lo cual indudablemente permitirá proteger lo más valioso que tenemos: la vida de todos. 
 
 
 

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“Ustedes me cambiaron la vida, más que cambiarla me salvaron de morir”: atendiendo en la emergencia con dignidad

 
Conociendo a Carmen…
 
El sol de la tarde entra por la ventana de la oficina de Emergencia Social de la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS) ubicada en el tercer piso del Centro de Atención Penal Integral a Victimas (CAPIV). Una mujer de tez trigueña y ojos oscuros llenos de curiosidad nos recibe con una sonrisa. A su lado un niño de tres años juega con el celular de su mamá como si este fuera un carrito, ajeno a toda la historia que nos relatará su progenitora de la cual él es protagonista. 
 
Carmen María Dokoe Gimaido  es integrante de la etnia ‘Bora’, la cual se encuentra asentada en lo profundo de la selva Amazónica. Para llegar allí desde Leticia se debe tomar una lancha y navegar por el gran río sin descanso por un mes y medio, o ir en avioneta en un recorrido de 8 horas. En lo profundo de esta selva esta mujer tomó la decisión de venirse a Bogotá a cumplir sus sueños, porque en su tierra son pocas las oportunidades. Cuando sólo tenía 16 años llegó a la casa de un familiar pero terminó viviendo en una pieza y trabajando en una cafetería porque su deseo era terminar su  bachillerato, conseguir un mejor empleo y ayudar a su familia. Hasta aquí esta historia  es como muchas otras, sin embargo, la vida de Carmen daría más vueltas imprevistas de las que ya había tenido. 
 
El sube y baja de la vida…
 
3 años después de instalada en Bogotá, en el barrio Altamira, de la Localidad de San Cristóbal; viviendo una situación llevadera entre estudio y trabajo y compartiendo su vida con un hombre que prometía amor y estabilidad quedó embarazada. Al compartir la buena noticia con su pareja, “el cambio inmediato de actitud fue el reflejo de que las cosas cambiarían”. Relata Carmen que al mes, sus palabras fueron: “…muchas gracias. Le dejó la llave de la pieza a la vecina, se largó y no lo volví a ver…”, recuerda.
 
A partir de ese momento todo cambió. Había perdido su trabajo, su pareja, había quedado en el aire, estaba embarazada, sola y sin un peso. Aunque tenía una hermana en la ciudad, las condiciones económicas no permitían una ayuda. Con cuatro meses de embarazo nadie la recibía para un trabajo y a pesar de su búsqueda juiciosa la negativa rotunda por su condición se había sumado a su dolido y desilusionado corazón por el abandono y la soledad.
 
De las repetidas negativas de trabajo, del hambre y el desespero surgió una idea en la mente de Carmen que fue ganando peso a medida que pasaban los días. Abortar era su única salida. Sin embargo, cuando se lo contó a su hermana, ésta le convenció para que no lo hiciera. No obstante, otra posibilidad se abría paso: la adopción. Y así fue como terminó Carmen con su barriguita de 6, casi 7 meses en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), buscando ayuda para entregar en adopción al bebé que venía en camino. Allí le dieron la información sobre el proceso de adopción. Esa era la ayuda que la entidad podía ofrecerle. Pero ella tenía un problema inmediato, pasaba hambre y su hermana ya no podía ayudarle más. 
 
Una funcionaria del ICBF le escribió a Carmen la dirección de Integración Social en un papel y le dijo que ahí ayudaban a la gente de forma inmediata. Ella recibió el papel convencida que era una pérdida de tiempo ir hasta otra entidad ya que al parecer nadie le podía dar una solución real en esta inmensa ciudad.  
 
La ayuda aparece en forma de Casa Rosada…
 
Pero a Carmen le esperaba un destino diferente. Su hermana al otro día la convenció de ir hasta la dirección que le habían dado en el ICBF. “Nada perdemos con ir”, le dijo, y emprendieron el camino hacia el centro de la ciudad. Al llegar encontraron en medio de las casas antiguas una casa rosada con avisos de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en donde desde su entrada las recibieron muy bien.
 
Mientras nos relataba su historia los ojos de Carmen reflejaban esperanza “Desde que entré allí las personas fueron muy amables y luego nos atendió la doctora Lucila y fue como si se me hubiera aparecido un ángel. Ella me preguntó por mi familia, sobre mi situación, fue una persona que me dio un apoyo moral muy grande. Recuerdo que me dijo: ‘usted debe salir adelante, usted puede salir adelante con el niño’ y me dieron la ayuda con el mercado. Fue como si se me abriera una puerta. Fue una ayuda inmediata. En ese momento sentía que ya no había nada que hacer, pero cuando me dan esa ayuda en Casa Rosada, recobré el valor y comencé a pensar la vida no se ha acabado aquí, debo salir adelante con mi hijo”, asegura con entusiasmo
 
 “Todas las palabras que me dijo la doctora Lucila, independientemente de la ayuda que me daba que parecía caída del cielo, me hicieron sentir que realmente me escuchaba y me daba una mano. Alguien por fin me decía, su vida tiene solución”, relata Carmen. En este punto se le quiebra la voz y el llanto aparece al recordar ese momento tan amargo de su vida. 
 
Carmen continuaba su relato: “Como no podía quedarme más donde mi hermana, porque el dueño del apartamento le dijo que solo le había arrendado a dos personas y que yo no podía estar ahí, entonces Emergencia Social me ofreció vivienda en un hotel mientras la doctora Lucila, junto con la Fuerza Aérea, me conseguían un pasaje para Leticia. Allí estuve 8 días y luego me fui para mi tierra, y tuve a mi hijo junto con mi familia…”
 
Después de esa mala experiencia, Carmen decidió volver a Bogotá, junto con su hijo.  “Sabía que tenía una mano amiga con Emergencia Social. Cuando llegué aquí, volví a ir a la Casa Rosada. La doctora Lucila me ayudó a conseguir un nuevo trabajo y también me informó sobre los jardines de la Secretaria de Educación. Ahora  lo tengo en uno y me lo tratan muy bien. Ustedes me cambiaron la vida, más que cambiarla me salvaron de morir, de tomar una mala decisión, no es por exagerar pero el apoyo que me dio Emergencia Social fue una bendición sino hubiera ido a Casa Rosada, mi hijo no viviría”, finaliza. 
 
Hoy en día ha logrado superar su situación de vulnerabilidad. Actualmente ha formado una familia con un hombre que no solamente la ama de verdad sino también a su hijo. Tienen un negocio pequeño. Sueña con acabar sus estudios, ver a su hijo crecer, darle un mejor futuro, ayudar a sus padres. Los ojos de Carmen brillan de felicidad, aferrada a la mano de su pequeño hijo de dos años, quien la contagia y fortalece para seguir luchando porque está convencida hoy  más que nunca que ser madre es el don más maravilloso. 
 
¿Y quién es Lucila?
 
Lucila Mahecha es una mujer cálida. Con su amplia sonrisa atiende a personas en condición de vulnerabilidad social en el CAPIV. Psicóloga de profesión lleva más de tres años atendiendo en la Casa Rosada en Emergencia Social de la SDIS.
 
Su trabajo constante con la población más vulnerable de Bogotá, ha llevado a que esta mujer de ojos oscuros sea una experta en el arte de escuchar a las personas y buscar soluciones reales para ellos. Así como sus otros compañeros de localidades, el equipo de Emergencia hace articulación con diferentes entidades tanto distritales como nacionales para orientar y acompañar a quienes por diferentes razones no han logrado superar situaciones de vulnerabilidad y pobreza.
 
“Todos los días muchas personas pasan por nuestros servicios y pocas veces tenemos la posibilidad de saber realmente cuanto hemos impactado su existencia. Aveces sólo pensamos que hicimos un día más de trabajo y no somos conscientes de que al hacer algo que parece cotidiano cambiamos vidas, en este caso salvamos dos.  Por eso la invitación es seguir haciendo nuestro trabajo con el corazón, con la responsabilidad y el espíritu de servicio que siempre nos ha caracterizado”, asevera la doctora Lucila, como la llaman los usuarios. 
 
 

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Tesón y valentía: ingredientes para el resurgimiento de los Hernández

 
Han pasado 85 días desde aquel 19 de abril cuando los Hernández lo perdieron prácticamente todo. Ese trágico martes las llamas consumieron enseres, electrodomésticos y lo peor: la vida de ‘Niño’ y ‘Óscar’, los dos gatos que desde hace varios años eran los consentidos de esta familia que habita el apartamento 504 en un conjunto residencial del barrio Galicia, en la localidad de Ciudad Bolívar.
 
Esta emergencia fue atendida por el equipo de Gestión del Riesgo de la Secretaría Distrital de Integración Social que presta sus servicios a las familias en situación de emergencia social, natural o antrópica, con el fin de contribuir a la superación de la situación.
 
A pesar de la difícil situación, hubo algo que el corto circuito que ocasionó la emergencia no pudo destruir: las ganas de Cristina, Karla y Rafael por superar este momento que, según la mujer cabeza de familia, logró unirlos con el propósito de darle una bofetada a la adversidad y demostrar que el hollín que recogían sus dedos de las paredes era solo el estímulo para fortalecerse como familia y comenzar un mejor futuro.
 
 
“Estas tragedias hacen que la gente se conecte más. En mi caso lo viví con mis hijos y mis vecinos, porque sin ellos no hubiera sido posible salir de esta situación”, relata Cristina Hernández, agregando que la ayuda inicial del Distrito con ropa, mercado, colchonetas, elementos de aseo y el subsidio de un mes de arriendo por 480 mil pesos le sirvieron para mitigar los malos días que pasó.
 
Al 30 de junio de 2016, el equipo de gestión del riesgo atendió a 1.021 personas que conforman 483 hogares en las 20 localidades de la ciudad.
 
Operación reconstrucción
 
No había tiempo que perder y los lamentos no reconstruyen casas. Con esta mentalidad, los Hernández y sus solidarios vecinos limpiaron, barrieron y cambiaron todo lo achicharrado por el fuego. Según cuenta Cristina, al comenzar las labores ‘mágicamente’ aparecieron tejas, vidrios, pintura y mano de obra que donaban las ferreterías del sector y las personas que con afecto le hacían saber que no estaba sola.
 
Fue tal la atención que recibieron del vecindario, que ningún detalle de la subsistencia de esta familia quedó a la deriva. “El uno traía desayuno, el otro llegaba con almuerzos, algunos simplemente nos visitaban y nos traían roscones con gaseosa”, recuerda esta bogotana de 42 años, quien al borde del llanto reconoce que nunca se imaginó tamaña solidaridad de la gente.
 
Pero la ayuda no terminaría ahí, ya que aparte de lo mencionado por Cristina, llegaron a su casa aportes inesperados. Un programa de televisión se solidarizó con su caso y en una campaña recaudó una nevera, una lavadora, un closet y varias cobijas. Los compañeros de 7° grado de bachillerato de Rafael realizaron una colecta donde completaron para los materiales faltantes; pero lo más impactante fue cuando recibió una encomienda de un familiar de una vecina, quien desde Estados Unidos le envío varios elementos que agradece con el alma.
 
Una experiencia para renacer
 
Hoy la casa de los Hernández tiene nuevamente calor de hogar. Los pisos blancos, las paredes perfectamente pintadas, y la convivencia de una familia normal, son la mejor muestra de que la voluntad y el tesón son más fuertes que las calamidades. Por eso con la frente en alto Cristina asegura que aunque faltan algunas cosas para completar su dotación de casa, ya cuenta con lo necesario para vivir feliz con sus hijos.
 
A esta familia le cabe perfectamente el dicho de ‘no hay mal que por bien no venga’. Frase que se aplica perfectamente para Rafael, quien gracias a la desgracia quedó con cuarto propio en el mezzanine que se construyó luego de la remodelación. Antes compartía habitación con su madre.
 
 
Para Cristina solo queda un tema pendiente en su recuperación: hace más de un mes no puede atender su negocio de fritanga cerca del Frigorífico Guadalupe por culpa del paro camionero, que espantó a sus clientes gastronómicos por la crisis del transporte. Sin embargo, por ahora los ingresos de la casa quedaron temporalmente en cabeza de Karla, quien a pesar de su juventud ha demostrado madurez para echarse encima tal responsabilidad.
 
En una nueva visita del equipo de gestión del riesgo de la Secretaría Distrital de Integración Social se hizo seguimiento del caso y se le solicitó a Cristina su retroalimentación acerca de la atención que recibió por parte del Distrito. De su experiencia quedaron importantes insumos para este grupo que a diario brinda asistencia humanitaria a las personas que enfrentan una emergencia natural o social.
 

Vea la noticia anterior: Los Hernández, la familia que renació entre las cenizas
 
 
 
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