Secretaría Distrital de Integración Social

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Comedores Comunitarios – Cocinas Populares: escenarios para cultivar estilos de vida saludables

 

  • En este servicio, a cargo de la Secretaría de Integración Social a través de la Dirección de Nutrición y Abastecimiento, no solo se realiza la entrega de alimentos a la población vulnerable, sino que se identifican las necesidades del núcleo familiar que asiste a las unidades en materia de salud, educación, entre otras, 
  • Los usuarios y usuarias del Comedor de San Blas combinan la entrega de comida caliente con actividades de cuidado de la huerta, capacitaciones y jornadas de integración.     

 

Bogotá D.C., 20 de mayo de 2022. En lo que va corrido del año, la Secretaría Distrital de Integración Social reportó la entrega 3 millones de raciones de comida caliente y la atención a más de 40 mil personas vulnerables en los Comedores Comunitarios – Cocinas Populares. 

En la actualidad, la Secretaría Distrital de Integración Social cuenta con 103 unidades, entre comedores móviles y puntos fijos, dispuestas para la prestación de este servicio, a cargo de un equipo de profesionales compuesto por nutricionistas, coordinadores de comedores y delegados locales. 

La capacidad para la atención a sus beneficiarios y beneficiarias en las localidades va desde los 200 participantes hasta 900, dependiendo de la demanda, la infraestructura, su ubicación, entre otros. 

En estos espacios se realiza la recepción de la materia prima, su procesamiento y, posteriormente, la entrega de la comida caliente a la población, previamente registrada y se identifican las necesidades de salud, educación y generación de empleo de las familias participantes para su remisión a la oferta institucional distrital. 

Con la modalidad de Comedores Comunitarios- Cocinas Populares se fortalece integralmente la inclusión social, ambiental y productiva, debido a que allí se brindan herramientas para ejercitar el espíritu emprendedor en sus participantes y se incentiva un ingreso económico, de manera autónoma e independiente, de los beneficiarios.

 

Un comedor que reverdece 

Uno de estos comedores está ubicado en el sector de San Blas en la localidad de San Cristóbal, un espacio que combina diferentes especies de plantas con el manejo de la agricultura vertical que busca maximizar la utilización del área de producción, estar a la vanguardia con novedosos métodos de horticultura, embellecer algunas áreas y, ante todo, convertir estas prácticas en un sustento en materia de alimentación en Bogotá. 

Muy temprano, antes de iniciar la atención diaria, un grupo de nutricionistas y profesionales sociales de este comedor implementan estrictos protocolos de alistamiento de los alimentos y su selección, con el propósito de garantizar la calidad del servicio de alimentación. 

Alejandra Arias, profesional social del Comedor San Blas, señala: “Nosotros atendemos a la población de San Cristóbal, recibimos a los participantes y les hacemos una contextualización de cómo funciona el comedor y de nuestras normas de convivencia”. 

Indica que los participantes reciben alimentos y otros beneficios sociales como procesos formativos de agricultura urbana, bienestar psicológico y transformación de alimentos. 

 

"Estoy en el Comedor Comunitario San Blas con mi hijo”, dice Karina, una participante de este servicio, al señalar que con su trabajo en las huertas ha aprendido a cultivar organizadamente. “Con todas las técnicas que nos han enseñado, empecé con mi propio emprendimiento que lo combino con la realización de bolsas de yute ambientalmente sostenibles¨, explica Karina, con un marcado acento sonoro que revela su procedencia extrajera. 

Resalta la calidad humana del equipo de trabajo al que no duda de calificarlo como ángeles que “se han convertido en una familia que nos enseña a estar juntos, a seguir siempre adelante sin importar las dificultades”, al tiempo que señala los beneficios de recibir una comida balanceada, de acuerdo con la edad de quienes toman el servicio. 

A diario, en este comedor se recogen las historias de vida de sus participantes, pues no solo se sirven los alimentos que velan por la seguridad alimentaria de los beneficiarios, sino que, a través de sesiones de sicología y actividades deportivas, los inscritos fortalecen vínculos afectivos, amplían sus capacidades de relacionamiento y ejercitan sus habilidades para emprender sus propios negocios. 

"Yo vine a dar acá al comedor a los tres meses de haber perdido a mi esposo, entonces, yo le doy muchas gracias a este espacio porque acá vine a rehabilitarme, a volver a empezar la vida de nuevo. Me dieron la oportunidad de estudiar, de hacer deporte y capacitarme”, dice Albanalí García, otra usuaria del Comedor San Blas, quien se siente preparada para enseñar lo secretos de las huertas. 

María del Tránsito, una mujer de más de 60 años y usuaria de este servicio en la localidad de San Cristóbal, finaliza: “Este comedor significa mucho para mi vida ya que  aquí he recibido tanto la comida, como el amor¨.

 

 

 

 

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